ARGENTINA / BUENOS AIRES

El cine Argentino y tucumano llega a Cannes de la mano de "El motoarrebatador"

Agustín Toscano tiene dos películas realizadas y está por segunda vez en el Festival de Cannes, la primera fue con la disparatada y corrosiva "Los dueños", una comedia sobre la propiedad que hizo junto a Ezequiel Radusky y mereció una Mención en La Semana de la Crítica, y ahora con "El motoarrebatador", un trabajo en solitario que mezcla otra vez la comedia con el drama social y que se verá mañana en La Quincena de los Realizadores.

Espectáculos / 14.05.2018 | 14:27

Fuente: TELAM

La película transcurre íntegramente en Tucumán y está protagonizada en su mayor parte por notables actores tucumanos.

"Argentina es la periferia del mundo, esto es la periferia de la periferia", dice Toscano para ilustrar el territorio donde transcurre el "Motoarrebatador", las afueras de San Miguel de Tucumán, una de las ciudades más pequeñas y más superpobladas de la Argentina.

Toscano viene de la actuación, de hecho apunta que "no hubiera tenido tiempo de dirigir y escribir películas si me hubiera ido bien en la actuación, porque incluso en los papeles que escribo para mí, siempre encuentro uno que lo va a hacer mejor".

Con Radusky tuvieron durante años una compañía teatral llamada Gente No Convencida, activa durante años en Tucumán, y de allí surgieron gran parte de los actores que nutren sus filmes que son, además de muchas otras cosas, pensados y construidos desde la actuación y que (dice): "los escribo como drama y los dirijo como comedia, pero quizás es exactamente al revés".

Para conocer algunas pistas de esta película que tiene mañana su premiere mundial en Cannes y se estrena en Argentina el 7 de junio, sobre un motochorro que se culpabiliza por haber herido a una víctima y la busca, encontrando una persona tan desvalida como él con la que arma una íntima familiaridad llena de subterfugios, Télam dialogó con Toscano.

Télam: "El motoarrebatador" es una película que propone una cierta radiografía de una situación social pero al mismo tiempo está virada hacia otra cosa.

Agustín Toscano: Son personajes, son locaciones y nos permitimos jugar un poco, divertirnos. No es una biopic de un motochorro, no es una película para prevenir ni para fomentar robos sino que el robo termina siendo una excusa para que arranque una anécdota, pero la película habla de otras solidaridades y de otras mezquindades que no tienen que ver con un tipo que le robó a una vieja 2.000 pesos de una cartera, sino que me parece que tiene más que ver con el aprovechamiento del otro hasta el punto en que se te vuelve necesario empezar a devolver y te quedás como enganchado.

T: Y eso arma un juego.

AT: Sabemos que no es nuestra realidad la que estamos poniendo ahí, no estamos haciendo un documental de nada. Es una historia superinventada, totalmente ficcionalizada, e incluso fantasiosa en muchos de sus aspectos, pero nos divierte jugarla como si fuese pura verdad. Es esa decisión de llegar hasta un punto "equis" y decir "cómo forzamos esto para que se produzca tal otro y cómo resolvemos eso", y en el momento en que lo logramos es muy divertido, es como una jugada de fútbol complejísima, diez pases, y decís "ah, hermoso", esas son las escenas que construyen la película, escenas en las que me gusta hacer un único plano, porque todo el valor está puesto en la construcción teatral interna del plano, que fue avanzando de algo que era nada hasta algo muy complejo.

T: ¿Y qué encontrás en esas escenas?

AT: Vida, para mí dentro de ese material hay vida.

T: El trabajo con los actores se vuelve fundamental.

AT: Hay algo de la creación colectiva teatral que yo sigo aprovechando para hacer películas y en ese sentido la división laboral que hacemos en el cine no es justa al darme todo el crédito de guionista a mí solo; porque si bien soy el guionista en el sentido de que puse esa estructura dramática en movimiento, inventé esos personajes, les di prehistoria, etcétera, también fui como un cazador que estaba ahí y las ideas que los actores iban teniendo para sus personajes o para los otros las capitalizaba. Sin los actores el guión no tendría esa complejidad de las varias voces que ves en la película, gracias a que existe la mirada de Liliana Juárez (la actriz que hace de Elena) se puede entender ese personaje porque yo desde mi escritorio nunca lo terminé de escribir bien y depende de la chispa esa de la vieja (por Juárez) para decir siempre algo distinto y algo inesperado y algo desorientado que no es tan fácil de inventar en la escritura. Hay desopilancias que se le ocurren a esa persona que las hace aparecer en los momentos exactos. Me pasó con el guión que por ahí alguien lo leía y me decía "sí, pero el personaje de esa mujer no es espeso" y yo le contestaba "sí, pero si me mato escribiendo ella igual no me va a respetar, ella va a hacer lo que quiera y lo que quiera es mejor que lo que yo escriba"; yo sé que no me puedo hacer muy el dramaturgo con ella porque ella ya no me respeta como dramaturgo, ella es mejor dramaturga que yo y ella lo sabe, solo que ella no escribe obras de teatro o películas, ella actúa y te dispara desde ahí.

T: ¿Y estás abierto a aceptar eso?

AT: Cuando elegís un actor te entregás a su método, no hay chance. En las películas que yo hago trabajamos una tonalidad súper estridente, los actores están súper arriba, proponiendo, proponiendo y proponiendo... no es una actuación pasiva, contemplativa del tipo mirando, sino un tipo provocando conflicto, metiéndose, opinando, mintiendo, intentando resolverla y eso requiere de un actor muy vivo que conoce los objetivos del personaje y se puede mover como si fuese su propia vida ahí adentro.
T: ¿Y en cuanto a Sergio Prina, el otro gran protagonista de la película?

AT: El que mejor lo describió es Pablo Barbieri, el montajista y que fue editor de películas como "Relatos salvajes", "Animal", "El otro hermano", entre muchas o sea que de actuación vio un montón, él me dijo: "este es de jazz; los otros actores que edito son músicos clásicos o rockeros pero vos encontraste uno que en todas las escenas hace algo distinto y ninguna es totalmente descartable por su actuación", a veces sí pifia, como todo el mundo, pero en general se mantiene en el borde de ser lo más interesante que hay dentro del plano y nunca repite, como que no se permite a sí mismo dejar que algo muera, lo quiere vivo, y es provocador también con los otros, al nunca decir lo mismo, al empezar siempre por otro lugar, los desorganiza y todos tienen que obligarse como a actuar mejor y se te vuelve entonces como un director de actuación adentro de la cosa, que para mí es muy importante a la hora de dirigir porque te encontrás alguien adentro de la película que va a ir haciendo lo que desde afuera no se puede hacer.

T: O sea que ellos deciden.

AT: La libertad que tiene el actor en el cine es increíble, uno dice "acción" y dice "corte" y en el medio no podés hacer nada. Hay dictadores que dicen "dale la mano", "decile que la querés", total después hacen doblaje, yo no doblé ni una escena de la película por lo cual si hablé alguna vez arriba no se usó esa toma por gil y estoy aprendiendo que no hay que decir nada. A estos actores no les interesa tanto la película que va a quedar sino ese momento en que se dice "acción", el momento en que hay humo, que está el té que hay que tomar, y que hay que tomarse ese tiempo para tormarlo y que si después eso es laxo o aburrido es problema de otros, del director, del montajista, ellos intentan hacerlo vivo y a mí eso me encanta.

T: ¿Por qué esa palabra: "motoarrebatador"?

AT: El término no lo inventé, viene de la prensa tucumana, algunos lo usan, aun cuando el que está de moda es motochorro, pero como allá decimos "choro" y no "chorro" eso la complica, pero nadie niega que el diario muy de vez en cuando usa motoarrebatador, y yo lo usé porque limpia la connotación más agresiva de motochorro pero directamente te lleva ahí.

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