ARGENTINA / BUENOS AIRES

Luigi Zoja: "Estamos frente a una descomposición de la figura paterna"

El sociólogo y ensayista italiano Luigi Zoja presenta por estos días una versión actualizada de "El gesto de Héctor", un texto que recorre la evolución de la figura paterna desde la entronización de la familia monógama y patriarcal hasta una escena que define como "confusa y masculinocéntrica, con el eje colocado más en el macho que en el padre".

Cultura / 12.04.2018 | 12:36

Fuente: TELAM

Psicoanalista y autor de libros como "Paranoia" y "La muerte del prójimo", Zoja escribió a fines de los 90 esta obra donde reinterpreta la paternidad desde un enfoque histórico, antropológico y psicológico que arranca en los tiempos de Homero y llega hasta la actualidad, para sostener que las reivindicaciones del feminismo no generaron las transformaciones esperadas, sino apenas un desdibujamiento de la figura paterna "que no puede leerse en términos de avance social".

"La abolición radical del patriarcado, que es una consecuencia de los grandes cambios del siglo pasado -impulsados en gran parte por el feminismo- no trajo una sociedad más femenina. La sociedad sigue siendo machocéntrica", destaca Zoja a Télam, de visita en Buenos Aires para presentar una versión ampliada y corregida de "El gesto de Héctor" (Taurus), que a fines de los 90 lo transformó en best seller y fue traducido a diez lenguas.

- Télam: ¿Con qué variables se asocia el desdibujamiento del rol paterno que funciona como la tesis central de su libro?
- Luigi Zoja: Mi trabajo es una reconstrucción de la génesis de la figura del padre y su evolución hasta la actualidad. Estamos frente a una descomposición de la figura paterna como consecuencia de un proceso que se aceleró en el siglo XX con las dos guerras mundiales, las luchas feministas y el aumento de los divorcios a partir de los años setenta.

Esta declinación del patriarcado -que tiene una dimensión cultural y otra simbólica- fue reemplazada por una perspectiva machocéntrica que hoy domina las estructuras políticas y familiares. El patriarcado fue sustituido por valores machistas. La diferencia es que en las sociedades patriarcales, el padre como institución tiene una mirada de largo plazo, es el que provee a sus hijos y los proyecta al futuro. El macho, en cambio, es el masculino combatiente que tiene un instinto agresivo y, como los animales, pelea y no se preocupa del futuro en general. En Italia hemos tenido en el gobierno de Berlusconi el mejor ejemplo de gobernante machocéntrico. 

- T: ¿Por qué no puede ser leído como un avance social que los hombres se involucren más que antes en la crianza de sus hijos?
- L.Z.: Si bien es cierto que los padres participan más en el cuidado de los niños, la madre sigue asumiendo la gran mayorí­a de las tareas de la casa. El padre juega más con sus hijos pero a veces termina pareciendo un hermano más. Lo que quiero decir es que no cumple su función de referencia y autoridad moral ni contribuye a una mayor igualdad social. Es como si fuera una segunda mamá, una especie de "vicemadre". No solo eso: aun con nuevas costumbres y una mayor participación paterna, cuando sobreviene el divorcio los chicos terminan mayoritariamente viviendo con su mamá. Los movimientos feministas han luchado por un mayor equilibrio entre lo masculino y femenino pero todavía no se detecta una presencia suficientemente femenina en la polí­tica y en las instituciones. Parte de las dificultades para redefinir roles tiene que ver con que la identidad masculina es más compleja que la femenina: el rol de las madres tiene fundamentos biológicos, mientras que el del padre está construido por la cultura y la educación. El padre nace de una autodomesticación: por eso tiene que aprender a controlar sus instintos, es una construcción cultural. Si desaparecen esa cultura y esa educación, lo que emerge es el machismo. 

- T: ¿La crisis de la autoridad paterna se hizo extensiva más allá de las fronteras de la matriz familiar y salpica también a las instituciones y el rol del Estado?
- L.Z.: En las proclamas de Mayo del 68 muchas de las consignas eran contra el padre y el patriarcado. Las intelectuales feministas hablaban de construir una nueva sociedad en la que se iba a gastar menos en armas y más en servicios sociales. Por esos años se conectó la construcción social de la figura del padre con el poder a derribar y aún se sigue buscando simbólicamente a esa figura. Cuando se habla de patriarcado estamos aludiendo a una estructura política, a las dictaduras. En el imaginario colectivo nos falta el padre: falta desde el siglo XX. La sociedad aceptó en ese entonces el fascismo y al dictador para tener orden otra vez. Hitler y Mussolini encarnaron en ese sentido a los machos alfa de la manada queriendo suplantar al padre.

-T: ¿Cómo impacta el debilitamiento de la autoridad paterna en la escuela y los métodos de aprendizaje?
- L.Z.: Hace varias décadas, cuando un profesor citaba a los padres de un alumno, este iba acompañado por su padre. El padre escuchaba al profesor y al final de la charla reprendía al hijo. Ahora, en cambio, arremete contra el docente y le dice que no se atreva a tratarlo mal a su hijo. Paralelamente, hoy las relaciones se han horizontalizado y los chicos aprenden más que nada de otros chicos, diluyendo aun más la autoridad del padre. Los chicos aprenden de sus coetáneos pero también de Internet, que les ofrece pero no selecciona la calidad de lo que te brinda. La gran paradoja es que los acerca al conocimiento pero no les permite asimilar y organizar todo lo que ofrece. Al mermar la figura del padre como aquel que establece límites, se crean chicos más violentos e hipersexualizados. Hoy no nos encaminamos hacia una sociedad más equilibrada entre lo masculino y lo femenino. Estamos contribuyendo a una sociedad androcéntrica cada vez más descontrolada.

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