ARGENTINA / BUENOS AIRES

La literatura es otro modo de traducir lo real

La peripecia de un hombre que pierde a su esposa en un episodio violento adquiere derivaciones ajenas al policial en la novela "Luto", donde Edgardo Scott perfila contrastes entre la literatura y los géneros asociados a la verdad ("la literatura es otro modo de traducir lo real", aclara el escritor) al mismo tiempo que impugna el aluvión de formatos que promueven "una estetización de la angustia social y sus síntomas".

Cultura / 05.11.2017 | 13:49

Fuente: TELAM

"Un día cualquiera" se titula paradójicamente el capítulo que marca una bisagra en la vida de Chiche, hombre apático del conurbano bonaerense que tiene una tienda de eletrodomésticos y encuentra su punto de fuga en los circuitos de bicicleta que realiza todos los mediodías, mientras el negocio familiar queda a cargo de su esposa. Pero el imprevisto se cuela violentamente para destrozar esa cotidianeidad anodina, de la acaso él mismo se vuelve victimario cuando acciona su revólver sobre los asaltantes que en su ausencia han decidido quedarse con la recaudación y algo de mercadería. En la confusión de movimientos y disparos, su esposa termina desplomada en el piso y la vida del protagonista cambia drástic

Psicoanalista y músico además de autor de los relatos encerrados en "Los refugios" y la novela "El exceso", Scott se dedica a radiografiar con apócrifa ligereza esta postal del conurbano anómico de las últimas décadas, que funciona en paralelo como la metáfora de un individuo confrontado a la hostilidad de un territorio, a una barbarie que está en la génesis de la historia argentina y que se puede ver como una marca identitaria de la literatura. 

¿Cuanto de eso nutre la génesis de "Luto"? Scott lo cuenta en una entrevista con Télam: "Lo policial en la novela es sobre todo un imaginario y un discurso, que a su vez en nuestro país es fundacional y continuo. De ahí también la conexión con el western, que es otra forma de gauchesca, ¿no? Y por otro lado se dice por ahí, 'Chiche cree en el progreso', y el progreso no es otra cosa que el violento e inagotable sueño civilizador de la clase media".

- Télam: ¿"Luto" surge como un intento de "destilar" el peso de las crónicas policiales para convertirse en una exploración menos literal sobre los efectos de la exclusión o la violencia? 

- Edgardo Scott: La inspiración es siempre excéntrica, misteriosa, o mejor dicho, dar con la forma de un relato o una novela siempre tiene un poco de azar y de destino. "Luto" no surgió en absoluto de la agenda periodística; pero sí quizá el discurso de los medios –que hoy también es el discurso popular, masivo– fue una variable que tuve en cuenta durante la composición de la novela.

La escribí muy rápido, en muy pocos días, y creo que eso tuvo que ver, por un lado con un desahogo creativo (yo venía escribiendo dos proyectos narrativos más largos), y por otro lado, cada vez que pasa más tiempo, me parece que después de haber escrito "El exceso", donde creí haber agotado los 90 todavía había una coda, algo más, una especie de fábula o de último epílogo. Por otro lado pienso como (Carlos) Correas y como Arlt, que el secreto de la cultura yace en la violencia, así que la violencia es de las cosas que más me interpelan para escribir.

- T: La novela tiene un disparador que podría haber encaminado el relato hacia el climax del policial. Sin embargo, el episodio fundante se va diluyendo y la narración se detiene en las obsesiones cotidianas del protagonista y su ensimismamiento ¿Hay una metáfora de la literatura, de la manera en que se relaciona con la realidad y de sus diferencias con los géneros vinculados a la verdad?

- E.S: Sí, el coqueteo policial se acaba poco más allá de la mitad del libro. Aunque yo también creo, un poco saerianamente en esto, que la literatura es otro modo de traducir lo real, y que lo real no es otra cosa que la verdad. Pero justamente en esa traducción, entre periodismo y literatura, hay una diferencia formal. Un tratamiento y una intención diferente. Por otro lado, creo que "lo policial" en "Luto" está menos en la expectativa de lectura –la clave de género– o en la anécdota, que en la denuncia de ese discurso: la puesta en abismo del discurso policial. Probablemente el discurso que hoy resume y absorbe a otros discursos menores (la economía, la ecología, la medicina, incluso cierta mala lectura de los estudios de género).

- T: Para el protagonista, lo más difícil no parece ser sobrellevar la muerte de su esposa sino el resentimiento en que esta muerte lo ha depositado, aunque hay indicios para pensar que ese sentimiento preexiste al momento del asesinato ¿El episodio lo transforma o en realidad lo muestra?

- E.S: Los personajes son siempre cruces del habla, capturas y esquirlas de conciencias. El asesinato de la mujer es la marca autobiográfica, sentimental de la novela; cuando yo tenía 12 años ocurrió ese episodio. De modo que es la impresión poética, mi primera muerte, una muerte social ocurrida en mi comunidad de infancia, que después la literatura viene a exhumar para decir otras cosas.

- T: Ligado a la anterior, Chiche expresa también un discurso xenófobo que muestra la fractura social que caracteriza a la Argentina contemporánea. Hay una lectura política que se vuelve como inevitable ¿Hasta qué punto es posible disociarse de una coyuntura que define vectores de lectura?

- E.S: Hernán Ronsino me decía que también la había leído como una reescritura de "Cabecita negra", de Germán Ronzenmacher. Yo no lo había pensado, pero tiene razón. Lo que pasa es que si vos te fijás, en el final de "Cabecita negra", los negros tienen una potencia revolucionaria, se afirman hacia un futuro revolucionario más justo (hay que recordar que "Cabecita negra" es del 61). Otro horizonte. Pero en "Luto", los negros son otra cosa. Son un conjunto fantasma. Como los perros, también. No tienen la fuerza legítima de un sujeto social como lo tenían en el cuento de Ronzenmacher. Es otro tiempo y otro imaginario. 

- T: Desde lo formal, la novela es ágil y tiene un lenguaje directo, sin rodeos. ¿Buscaste un contraste entre la prosa veloz, limpia de adjetivaciones, y ese sustrato moroso que excepto el principio y el final está tramado por una cotidianeidad en apariencia anodina?

- E.S: Sí, sobre todo porque venía de un ciclo donde la escritura estaba un poco fetichizada, venía de escribir en un fraseo mucho más barroco, cargado, y quise cambiar y hacer otra cosa. En general, me gusta que en cada libro el estilo pueda encontrar una nueva modulación. Barajar y dar todo de nuevo. Total, siempre va a haber cosas que vuelven, que se repiten e insisten.

- T ¿Estas elecciones estéticas responden a la influencia de la cultura audiovisual?

- E.S: No, no, soy muy poco audiovisual. Soy literario-musical, en todo caso. No obstante, varios lectores amigos me dijeron que la escena inicial era muy Tarantino. Y es cierto.

Y yo para el final, sí había pensado en Clint Eastwood, que a su vez es tan borgeano. El cine fue un nuevo lenguaje literario, pero desde hace tiempo la literatura es también otro sistema de citas del cine. Tal vez porque no hace falta ser un activo consumidor audiovisual para habitar de todas maneras ese imaginario dominante.

- T: ¿En qué medida "Luto" funciona como tu novela anterior "El exceso", a la manera de un fresco de época? Incluso ya desde el título se avizora una posible clave de lectura...

- E.S: En el caso de "El exceso" fue así deliberadamente. Siempre se trató de un Guernica, de un mural político. Con esa ambición y volumen, y también como reflejo contrario, supongo, a los presupuestos de lo esperable en una primera novela. En "Luto", la época es más un decorado y un vestuario, apenas algunos gestos, las maneras y tics para atenuar y balancear una violencia que de otro modo hubiera sido panfletaria, patética, o alimento de ese lenguaje tan trillado y bastardo, diseñado para el "conurbano".

De "Policías en acción" a la cumbia villera -o la parte mala del Nuevo cine argentino que todavía arrastramos-, una estetización vertical de esa angustia social y de sus síntomas. Para mí el antídoto a toda esa carroña artística es siempre el impulso lírico, volviendo al comienzo, esa verdad sencilla que irradia la poesía y que apoderándose de cualquier destello de realidad o de memoria personal lo transporta a otra galaxia, a otra dimensión.

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